Llegar a una nave industrial después de una tormenta y encontrar el suelo cubierto de agua es una situación que exige actuar rápido. Puede haber mercancía dañada, maquinaria afectada, lodos acumulados y una actividad que no puede continuar hasta recuperar unas condiciones mínimas de seguridad.
Sin embargo, empezar a limpiar sin ningún orden puede empeorar las cosas. Antes de retirar el agua, hay que comprobar que no existen riesgos eléctricos o químicos y documentar los daños para el seguro. Después llegará el momento del achique, la limpieza y la gestión de los residuos.
Las primeras 48 horas son muy importantes, pero no porque exista un plazo legal para dejar la nave limpia. Lo fundamental es evitar nuevos daños, comunicar el siniestro y conservar las pruebas necesarias para poder justificar las pérdidas.
Primeras horas: comprobar la seguridad antes de entrar
La primera preocupación no debe ser recuperar la mercancía, sino asegurarse de que nadie corre peligro.
El agua puede haber alcanzado enchufes, cuadros eléctricos, motores y conexiones situadas cerca del suelo. Aunque la instalación parezca apagada, no hay que dar por hecho que se encuentra libre de tensión.
Antes de acceder, conviene comprobar:
- Si existen cuadros eléctricos, cables o enchufes en contacto con el agua.
- Si el suministro puede cortarse desde una zona seca y segura.
- Si hay olor a gas o sospechas de una fuga.
- Si se han desplazado bidones, envases o productos químicos.
- Si existen grietas, desprendimientos o daños estructurales visibles.
- Si el agua sigue entrando o existe riesgo de una nueva crecida.
Nunca debe entrarse en una zona inundada para manipular un cuadro eléctrico. Si no puede desconectarse el suministro de forma segura, habrá que recurrir a personal cualificado.
Tampoco conviene encender maquinaria, activar bombas eléctricas sin comprobar sus condiciones de uso ni intentar recuperar equipos que permanecen sumergidos.
En instalaciones industriales existe otro riesgo importante: los productos almacenados. Si el agua ha entrado en contacto con combustibles, disolventes, fitosanitarios u otras sustancias peligrosas, puede haberse contaminado.
Ante una fuga química, olor intenso, riesgo eléctrico o peligro estructural, debe aislarse la zona y solicitar ayuda especializada. Si existe una emergencia inmediata, hay que avisar al 112.
Documentar los daños antes de empezar a limpiar

Cuando el acceso es seguro, el siguiente paso es registrar lo ocurrido. Es normal querer sacar el agua cuanto antes, especialmente si hay pedidos pendientes o mercancía que todavía puede recuperarse. Pero retirar todo sin hacer fotografías puede complicar posteriormente la valoración de los daños.
Lo más práctico es recorrer las zonas afectadas y realizar fotografías y vídeos generales antes de acercarse a cada equipo o material.
En ese caso es conveniente documentar lo siguiente:
- La altura alcanzada por el agua.
- Las marcas de humedad en paredes y puertas.
- Los palés y productos afectados.
- La maquinaria que ha quedado sumergida.
- Los cuadros, motores y equipos eléctricos dañados.
- Los lodos y residuos arrastrados.
- Los desperfectos en accesos, pavimentos y cerramientos.
También resulta útil grabar un vídeo continuo de las zonas afectadas. Permite mostrar la distribución de los daños y su relación con el espacio.
Hacer un inventario de mercancías y maquinaria
Después de las imágenes generales, hay que preparar una relación de bienes dañados.
Un almacén puede incluir referencias de productos, cantidades, números de lote, ubicación y valor de adquisición. En maquinaria conviene anotar el modelo, número de serie y daños observados.
Si existen facturas, inventarios anteriores o fotografías de la instalación antes de la tormenta, deben conservarse junto con el expediente.
El Consorcio de Compensación de Seguros recomienda conservar los restos de los bienes dañados para que el perito pueda examinarlos. Cuando no sea posible, hay que fotografiarlos antes de retirarlos.
Esto no significa dejar durante días residuos peligrosos o materiales contaminados dentro de una nave. La seguridad y la prevención de nuevos daños siguen siendo prioritarias. En esos casos es importante documentar la retirada y guardar los justificantes correspondientes.
Comunicar el siniestro: aseguradora o consorcio
Otro paso que no debe dejarse para el final es comunicar lo ocurrido a la aseguradora. El artículo 16 de la Ley 50/1980 de Contrato de Seguro establece un plazo general de siete días desde que se conoce el siniestro, salvo que la póliza conceda uno más amplio.
Superar ese plazo no significa perder automáticamente el derecho a indemnización, pero puede tener consecuencias si el retraso causa perjuicios a la aseguradora. Por eso, lo recomendable es comunicar los daños cuanto antes.
Hay que facilitar el número de póliza, fecha del siniestro, dirección de la nave, descripción inicial de los daños y datos de contacto.
¿Cuándo interviene el Consorcio de Compensación de Seguros?
No todas las inundaciones tienen la misma cobertura. El Consorcio interviene cuando los daños proceden de determinados riesgos extraordinarios y se cumplen las condiciones del seguro, entre ellas disponer de una póliza adecuada con el recargo correspondiente.
La inundación extraordinaria comprende, entre otros supuestos, el anegamiento producido por aguas de lluvias que discurren por el terreno y por desbordamientos de cauces naturales.
En cambio, la lluvia que entra directamente por una cubierta, un patio o la propia red de desagüe del edificio no se considera automáticamente una inundación extraordinaria cubierta por el Consorcio. Esos daños deberán estudiarse según las garantías de la póliza ordinaria.
También es importante revisar si existe cobertura por interrupción de actividad o pérdida de beneficios. No puede darse por hecho que cualquier parada de producción esté indemnizada.
La solicitud al Consorcio puede realizarse desde su página oficial o a través del teléfono 900 222 665.
Achique de agua: elegir el equipo adecuado

Una vez controlados los riesgos y registradas las primeras pruebas, hay que retirar el agua. La técnica dependerá principalmente del volumen acumulado, la profundidad, los accesos y los materiales que haya arrastrado.
Bombas portátiles para agua con pocos sólidos
En zonas donde el agua está relativamente limpia y existe una salida de evacuación permitida, pueden utilizarse bombas de achique.
Son útiles en determinados sótanos, fosos y recintos donde resulta posible instalar el equipo sin exponer a los operarios a riesgos eléctricos.
Sin embargo, su rendimiento puede verse limitado cuando hay barro, piedras, restos vegetales o sedimentos abundantes.
También es imprescindible comprobar dónde se descargará el agua. No basta con colocar una manguera en la arqueta más cercana.
Camión cisterna de succión para aguas con lodos
Cuando una nave contiene una mezcla de agua, barro y residuos, suele resultar más apropiado recurrir a un camión con sistema de aspiración.
Estos equipos permiten extraer líquidos y determinados sólidos desde puntos de acceso preparados, reduciendo la necesidad de mover el material manualmente.
También son útiles en fosos de maquinaria, arquetas, zonas de carga o sótanos donde resulta difícil instalar un sistema de bombeo convencional.
La capacidad necesaria dependerá del volumen acumulado y de las condiciones de la instalación.
¿Dónde se vierte el agua retirada?
Este detalle suele pasarse por alto durante las emergencias, pero la realidad es que debe tenerse en cuenta desde el primer momento. Por ejemplo, el agua procedente de una inundación industrial puede arrastrar aceites, combustibles, productos químicos o residuos almacenados.
Si presenta contaminación, no puede descargarse sin más al alcantarillado, a la red de pluviales o al terreno. Su destino dependerá de la composición y de las autorizaciones disponibles.
Cuando deba retirarse como residuo líquido, tendrá que entregarse mediante el circuito de gestión correspondiente. En otras palabras, es importante saber qué se hace con el agua residual generada por la hidrolimpieza industrial para evitar problemas a futuro.
Limpieza después de una inundación: retirar los lodos primero

Una vez extraída el agua, la nave todavía puede estar lejos de recuperar su estado habitual. Es muy común encontrar capas de barro, hojas, arena, residuos y materia orgánica sobre el pavimento.
También pueden quedar sedimentos dentro de arquetas, canales de drenaje y fosos. Lo recomendable es empezar retirando los materiales acumulados antes de realizar una limpieza más profunda.
La hidrolimpieza con agua a presión puede ayudar a desprender suciedad adherida de suelos y superficies resistentes, siempre que se adapte la presión al material y se recoja el agua utilizada cuando corresponda.
En instalaciones agroalimentarias o zonas donde el agua haya entrado en contacto con aguas fecales, pueden ser necesarias medidas adicionales de limpieza y desinfección.
Eso sí, desinfectar no sustituye a limpiar. Primero deben retirarse el barro y la materia orgánica; después se valorará el tratamiento necesario.
También hay que utilizar equipos de protección adecuados a la contaminación existente y evitar que los trabajadores entren en contacto directo con aguas residuales.
Revisar el saneamiento para evitar otra inundación

Una nave puede parecer recuperada después del achique, pero conservar problemas ocultos en su red de desagües.
Las lluvias intensas arrastran arenas, hojas, plásticos y otros materiales que pueden quedar atrapados en arquetas y conducciones. Incluso después de retirar el agua superficial, esos depósitos pueden impedir que la red evacúe correctamente.
Por eso, conviene comprobar el funcionamiento de sumideros, imbornales, bajantes y colectores.
Cuando se sospecha una obstrucción o una rotura, la inspección de tuberías con cámaras permite observar el interior de la conducción sin empezar levantando el pavimento.
Las imágenes pueden mostrar acumulaciones de lodo, raíces, fisuras o deformaciones y ayudan a decidir si basta con limpiar o si es necesaria una reparación.
Además, el informe técnico puede resultar útil para documentar el estado de las instalaciones después del siniestro.
¿Qué hacer con los residuos que deja el agua?

Otra tarea importante durante las primeras 48 horas es organizar los residuos. Una inundación puede arruinar embalajes, cajas de cartón, madera, productos almacenados, componentes eléctricos y otros materiales. Pero no todo debe terminar mezclado dentro de un mismo contenedor.
Conviene separar, siempre que las condiciones de seguridad lo permitan, lo siguiente:
- Mercancía dañada que ya no puede utilizarse.
- Cartón, madera y plásticos no contaminados.
- Muebles y equipos deteriorados.
- Aparatos eléctricos y electrónicos.
- Lodos y tierras arrastrados.
- Aceites, filtros, absorbentes y envases contaminados.
- Porductos químicos o fitosanitarios afectados.
Los residuos peligrosos requieren especial atención. Si han quedado bidones abiertos, productos derramados o recipientes dañados, no deben manipularse como residuos ordinarios.
La clasificación debe hacerse según el origen y la composición, asignando el código LER que corresponda. No existe un único código válido para todos los lodos o residuos de una inundación.
La documentación también sirve para justificar las pérdidas
Cuando se contrata una retirada, es recomendable conservar los albaranes, documentos de identificación cuando correspondan, justificantes de entrega y facturas.
Estos documentos ayudan a acreditar qué material se retiró, en qué cantidad y qué destino recibió.
También permiten relacionar el coste de la limpieza y la gestión de residuos con las actuaciones necesarias para recuperar la instalación.
Por eso, conviene mantenerlos junto con las fotografías y los documentos de la reclamación.
Después de las primeras 48 horas: secar y comprobar los daños
Que ya no haya agua visible no significa que la instalación esté completamente recuperada. La humedad puede permanecer dentro de paredes, juntas, aislamientos y materiales almacenados. Si no se controla, pueden aparecer moho, olores y deterioro de componentes.
Es recomendable revisar la ventilación, utilizar equipos de secado cuando sean necesarios y comprobar el estado de los materiales sensibles a la humedad.
La instalación eléctrica merece una atención especial. Los equipos que hayan estado sumergidos no deben volver a conectarse hasta que personal cualificado determine si pueden recuperararse o deben sustituirse.
Lo mismo ocurre con motores, cuadros de control, sensores y maquinaria industrial.
Antes de reanudar la actividad también conviene comprobar las condiciones de seguridad de los puestos de trabajo, accesos, equipos de manutención y zonas de almacenamiento.
¿Cómo reducir el riesgo de que vuelva a ocurrir?
Una vez controlada la emergencia, merece la pena investigar por qué entró el agua. Puede haber sido una tormenta excepcional, pero también una combinación de actores:
- Una arqueta atascada.
- Una bomba averiada.
- Una rampa mal drenada.
- Una entrada situada por debajo de la calle.
Las medidas preventivas pueden incluir válvulas antirretorno, revisión de bombas, mejora de pendientes, barreras de protección y almacenamiento elevado de mercancías sensibles.
También conviene actualizar el plan de actuación ante tormentas y registrar las incidencias detectadas. En estos casos, es muy útil consultar alguna guía sobre cómo evitar inundaciones en naves y sótanos antes del otoño.
10 pasos a seguir para las primeras 48 horas
Cuando una nave está inundada, resulta útil disponer de una lista que permita comprobar rápidamente si se han atendido las tareas prioritarias. El resumen que te dejamos a continuación puede imprimirse y guardarse junto al plan de emergencias de la empresa:
- Comprobar la seguridad: no entrar si existe riesgo eléctrico, químico, estructural o de nueva inundación.
- Aislar suministros: solicitar el corte seguro de electricidad y gas cuando corresponda.
- Documentar los daños: fotografiar y grabar las zonas afectadas antes de mover materiales.
- Preparar un inventario: identificar mercancías, maquinaria y equipos deteriorados.
- Comunicar el siniestro: avisar a la aseguradora y comprobar si corresponde acudir al Consorcio.
- Organizar el achique: elegir bombas o cisterna de aspiración según el volumen y la contaminación.
- Retirar los lodos: limpiar pavimentos, fosos, arquetas y zonas de trabajo.
- Separar los residuos: distinguir materiales ordinarios de residuos peligrosos o contaminados.
- Guardar los justificantes: conservar facturas, albaranes, informes y documentación de gestión.
- Revisar antes de reabrir: comprobar instalaciones eléctricas, saneamiento, humedad y condiciones de seguridad.
Eso sí, no todos los trabajos podrán completarse dentro de las primeras 48 horas. El objetivo es djear controlada la emergencia, iniciar la recuperación y evitar decisiones precipitadas.
En Gruyser te ayudamos a recuperar tu nave o almacen
Cuando una nave se inunda, disponer de medios adecuados para retirar el agua y limpiar las instalaciones puede reducir el tiempo de interrupción de la actividad.
En Gruyser realizamos hidrolimpiezas industriales y trabajos de aspiración, con vehículos preparados para extraer aguas y lodos, limpiar pavimentos, arquetas y conducciones.
También contamos con equipos de inspección mediante cámara para comprobar el estado del saneamiento y medios para organizar la retirada y el transporte de residuos hacia destinos autorizados según sus características.
Prestamos servicio desde Fraga para empresas de la zona y localidades próximas de Huesca y Lleida.
Si tu nave o almacén se ha inundado, contacta con Gruyser para valorar una intervención de achique, limpieza y retirada de residuos. Cuanto antes se controlen el agua, los lodos y los daños en el saneamiento, antes podrá comenzar la recuperación de las instalaciones.
