El agua que sale de una depuradora no tiene por qué terminar siempre en un vertido. Si recibe un tratamiento adicional hasta alcanzar la calidad necesaria, puede convertirse en agua regenerada y utilizarse de nuevo para riego, determinados procesos industriales, limpieza de instalaciones o algunos usos urbanos.
Para industrias, explotaciones agrícolas y ayuntamientos, esta alternativa cobra cada vez más sentido. Permite reducir la dependencia de agua convencional y aprovechar un recurso que ya está disponible. En España se reutilizan alrededor de 400 hm³ de agua al año, una cifra que el propio Gobierno pretende aumentar en los próximos años.
Eso sí, reutilizar no consiste simplemente en conectar la salida de una depuradora a otro proceso. Desde 2024 existe un nuevo marco legal que establece qué usos están permitidos, qué calidad debe alcanzar el agua y quién responde en cada punto del sistema.
El RD 1620/2007 ya no es la norma que debes consultar

Todavía es fácil encontrar páginas que explican la reutilización de aguas depuradas basándose en el Real Decreto 1620/2007. Esa información ha quedado desactualizada.
La transición comenzó en junio de 2023, cuando entró en aplicación el Reglamento (UE) 2020/741 para reutilización de aguas urbanas depuradas en riego agrícola y se modificó la Ley de Aguas española.
Finalmente, el 24 de octubre de 2024 entró en vigor el Real Decreto 1085/2024, que derogó completamente el RD 1620/2007 y aprobó el actual Reglamento de reutilización del agua.
Por tanto, cualquier empresa que esté estudiando ahora un proyecto debe trabajar sobre el RD 1085/2024, además del Reglamento europeo cuando el destino sea el riego agrícola.
¿Qué regula el RD 1085/2024?
El nuevo reglamento desarrolla el régimen de reutilización previsto en la Ley de Aguas y tiene un alcance bastante mayor que la norma europea.
Mientras el Reglamento (UE) 2020/741 se centra en aguas urbanas depuradas destinadas al riego agrícola, el RD 1085/2024 abarca también otros usos y aguas procedentes de depuradoras industriales.
El MITECO agrupa 28 usos en cuatro grandes bloques:
- Urbanos.
- Agrícolas.
- Industriales.
- Otros usos.
También contempla destinos ambientales, como determinadas actuaciones relacionadas con acuíferos, humedales o ecosistemas acuáticos.
Esto abre posibilidades interesantes para las empresas. El agua regenerada puede utilizarse, según la calidad alcanzada y las condiciones autorizadas, en refrigeración industrial, limpieza de equipos, lavado de vehículos, riego o determinados procesos productivos.
Eso sí, hay una diferencia que conviene tener en cuenta: la recirculación interna del agua residual tratada dentro de la misma actividad industrial queda, con carácter general, fuera del ámbito del RD 1085/2024. No es exactamente lo mismo recircular agua dentro de un proceso que regenerarla para darle un nuevo uso privativo.
No todos los usos permiten la misma calidad de agua

Uno de los principios del nuevo sistema es sencillo: la calidad exigida depende de para qué se vaya a utilizar el agua.
No necesita las mismas características el agua destinada a limpiar una calle que la empleada para regar una hortaliza que se comerá cruda. Tampoco son iguales los riesgos en una torre de refrigeración que en el riego por goteo de un cultivo industrial.
El RD 1085/2024 establece requisitos específicos según el uso y trabaja con diferentes clases de calidad. Además, la Administración puede exigir condiciones más estrictas cuando la evaluación del riesgo lo justifique.
En el ámbito agroalimentario, las precauciones son todavía mayores. Algunos usos están permitidos bajo condiciones concretas, pero la reutilización no puede poner en peligro la seguridad alimentaria. El agua del enjuague final de superficies y materiales destinados al contacto con alimentos, por ejemplo, debe cumplir las condiciones previstas para el agua de consumo humano.
Las clases A, B, C y D para riego agrícola
Cuando hablamos específicamente de riego agrícola con aguas urbanas regeneradas, entra en juego el Reglamento (UE) 2020/741, aplicable desde el 26 de junio de 2023.
La norma europea establece cuatro clases básicas, de A a D, según el cultivo y el método de riego.
| Clase | E. coli | Uso agrícola orientativo |
| A | ≤ 10/100 ml | Alimentos consumidos crudos cuya parte comestible entra en contacto con el agua y tubérculos consumidos crudos. |
| B | ≤ 100/100 ml | Cultivos crudos sin contacto directo, alimentos destinados a transformación y determinados cultivos no alimenticios. |
| C | ≤ 1.000/100 ml | Usos similares a B, pero mediante goteo u otro método que evite el contacto con la parte comestible. |
| D | ≤ 10.000/100 ml | Cultivos industriales, energéticos y destinados a producción de semillas. |
La clase A es la más exigente. Además del límite microbiológico, exige DBO5 y sólidos en suspensión de hasta 10 mg/l y turbidez de hasta 5 UNT, junto con otros controles cuando corresponda.
Las clases B, C y D reducen progresivamente las exigencias microbiológicas porque disminuye también la exposición prevista.
De igual forma, la clase C no significa simplemente “agua peor que B”. Puede utilizarse en algunos de los mismos tipos de cultivo si se incorpora una barrera adicional, como un sistema de riego que impida el contacto del agua con la parte comestible.
Este enfoque multibarrera es una de las piezas centrales de la nueva normativa.
¿Qué es el Plan de gestión del riesgo del agua regenerada?

El RD 1085/2024 no se limita a publicar una tabla de parámetros. Obliga a estudiar todo el recorrido del agua y los riesgos que pueden aparecer desde su producción hasta el uso final.
Para eso existe el Plan de gestión del riesgo del agua regenerada, conocido por las siglas PGRAR. El documento debe describir el sistema completo, identificar los riesgos para la salud humana, el medio ambiente y la sanidad animal y establecer las medidas necesarias para mantenerlos bajo control.
Puede incluir cuestiones como:
- Origen del agua residual.
- Tratamiento aplicado.
- Calidad que debe alcanzarse.
- Almacenamiento.
- Redes de distribución.
- Posibles puntos de contaminación.
- Método de riego o utilización.
- Barreras adicionales.
- Controles analíticos.
- Medidas de actuación en caso de incumplimiento.
Además, identifica qué parte es responsable de cada fase.
No vale, por tanto, con que el agua salga de la estación regeneradora cumpliendo unos parámetros si posteriormente se almacena en malas condiciones y pierde calidad antes de utilizarse.
Se necesitan títulos administrativos para producir y utilizar agua regenerada

Otro cambio importante es la separación clara entre producir y suministrar agua regenerada y utilizarla.
La producción y suministro requieren una autorización de la autoridad competente. En ella se define, entre otros aspectos, el origen de las aguas, las clases de calidad que puede producir la instalación, los usos previstos, los puntos de cumplimiento y el programa de control.
Por otro lado, el uso privativo del agua regenerada requiere, con carácter general, una concesión administrativa o la modificación de una concesión existente para incorporar este nuevo recurso.
Si el operador de la estación regeneradora y el usuario son la misma entidad, ambos procedimientos pueden tramitarse de forma coordinada.
En la práctica, esto significa que disponer de una depuradora propia no autoriza automáticamente a una empresa a reutilizar su efluente para cualquier finalidad.
¿Quién responde de la calidad del agua?

El nuevo modelo reparte claramente las responsabilidades: el operador de la estación regeneradora responde de que el agua alcance la calidad exigida en el denominado punto de cumplimiento y debe ejecutar el programa de control.
A partir de ahí pueden intervenir operadores de almacenamiento, distribución y usuarios finales. Cada uno debe cumplir las obligaciones que le atribuyen la autorización, la concesión y el PGRAR.
El usuario también debe respetar los requisitos de la normativa sectorial correspondiente, especialmente cuando intervienen alimentos.
Por eso, la trazabilidad no termina en la depuradora. Si el agua se transporta, almacena o distribuye antes de utilizarse, esas etapas también deben estar contempladas.
Los controles no se hacen una sola vez
La autorización exige un seguimiento periódico de la calidad. El tipo y la frecuencia de las analíticas dependen del uso, de la clase de agua y de la evaluación del riesgo. El reglamento contempla controles rutinarios y, en determinados supuestos, controles de validación para comprobar la eficacia del tratamiento.
En caso de superar los límites establecidos, deben activarse las medidas previstas en el PGRAR e informar a las autoridades cuando corresponda.
Esto es especialmente importante para empresas que están calculando la rentabilidad de un proyecto. No hay que contabilizar únicamente la instalación necesaria para regenerar el agua, sino también el coste del control, mantenimiento, almacenamiento, distribución y documentación durante toda su vida útil.
CHE o ACA: depende de dónde se encuentre la instalación
La autoridad competente cambia según la demarcación hidrográfica. En las cuencas intercomunitarias, la competencia corresponde al organismo de cuenca. Para gran parte de Aragón y para las zonas catalanas pertenecientes a la cuenca del Ebro, el organismo de referencia es la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE).
Esto es importante en zonas como Fraga y Huesca y también en buena parte de Lleida: estar administrativamente en Cataluña no significa necesariamente que el expediente corresponda a la ACA.
La Agència Catalana de l’Aigua (ACA) ejerce como administración hidráulica en las cuencas internas de Cataluña.
Además, las autoridades sanitarias intervienen en la evaluación y vigilancia de los riesgos para la salud. Dependiendo del uso, pueden entrar también otras administraciones sectoriales.
Por eso, antes de preparar un proyecto, conviene identificar primero en qué demarcación se encuentra el punto de producción y dónde va a utilizarse el agua.
¿Cuándo puede tener sentido para una empresa?
No todas las instalaciones necesitan montar un sistema de regeneración. La decisión debe comenzar por los números y por el uso previsto.
Puede resultar especialmente interesante cuando una industria genera de forma constante un volumen importante de agua depurada y, al mismo tiempo, consume agua en actividades que no necesitan calidad potable.
Por ejemplo:
- Limpieza de instalaciones.
- Refrigeración.
- Determinados procesos industriales.
- Riego de zonas verdes.
- Lavado industrial de vehículos.
- Riego agrícola próximo a la instalación.
Antes de invertir, hay que analizar el caudal disponible, su calidad de partida, el tratamiento adicional necesario, la distancia hasta el punto de utilización y los costes de bombeo, almacenamiento y control.
También debe comprobarse si el proyecto sustituirá realmente agua superficial, subterránea o potable. Esa sustitución es uno de los principales beneficios ambientales de la reutilización.
Gruyser puede apoyar la parte operativa de la gestión del agua
Un proyecto de reutilización necesita primero un estudio técnico y administrativo que determine si el agua puede regenerarse, para qué uso y bajo qué autorización. Pero una vez definido el circuito, también aparecen necesidades prácticas de limpieza, extracción, mantenimiento y movimiento de líquidos.
En Gruyser disponemos de equipos para realizar hidrolimpiezas y absorciones industriales en depósitos, redes, fosas e instalaciones donde resulta necesario retirar aguas y lodos antes de intervenir.
También contamos con cubas y vehículos para el transporte de agua y residuos líquidos, lo que permite apoyar operaciones auxiliares dentro de la gestión de agua de una instalación.
Si una empresa está valorando reutilizar su efluente depurado, el primer paso no debería ser comprar un equipo de tratamiento. Hay que definir qué uso se quiere sustituir, qué calidad exige la normativa y qué título administrativo corresponde. Con esos datos sobre la mesa es cuando puede saberse si convertir ese efluente en agua regenerada resulta técnica y económicamente viable.
