Durante años, quemar las ramas después de podar frutales, olivos, almendros o viñas fue una práctica muy común. Se amontonaban los restos en la parcela, se esperaba un día adecuado y el problema quedaba resuelto en unas horas. Hoy, sin embargo, encender esa hoguera requiere mirar antes algo más que el tiempo.
La normativa sobre residuos y prevención de incendios ha limitado mucho la quema de restos vegetales. Pero esto no significa que exista una prohibición absoluta para todos los agricultores. Hay excepciones, diferencias según el tamaño de la explotación y reglas autonómicas que cambian entre Aragón y Cataluña.
Por eso, antes de decidir qué hacer con la poda, conviene saber en qué situación se encuentra cada explotación y valorar alternativas como el triturado, el compostaje o su aprovechamiento como biomasa.
¿Por qué ya no se puede quemar la poda como antes?

Quemar restos vegetales al aire libre es una solución rápida, pero también genera humo, partículas y emisiones contaminantes. Además, elimina materia orgánica que podría regresar al suelo y aumenta el riesgo de que una quema agrícola termine convirtiéndose en un incendio.
Ese último riesgo es especialmente importante en zonas agrícolas próximas a masa forestal. Una ráfaga de viento, algunas brasas mal apagadas o un cambio repentino de las condiciones pueden hacer que un fuego inicialmente controlado se propague fuera de la parcela.
Por todo esto, la normativa actual intenta priorizar otros destinos para los restos vegetales y reservar el uso del fuego para situaciones específicas.
¿Qué dice realmente la Ley 7/2022 sobre la quema de restos vegetales?

El artículo 27.3 de la Ley 7/2022 establece, como regla general, que no está permitida la quema de residuos vegetales generados en el entorno agrario o silvícola.
Sin embargo, aquí aparece una de las cosas que más confusión genera: las pequeñas y microexplotaciones agrarias están dispensadas de esa prohibición general.
En términos prácticos, hablamos de explotaciones que encajan dentro de la consideración de pequeñas o microempresas. Como referencia, una pequeña empresa cuenta con menos de 50 trabajadores y no supera determinados límites económicos, situados en torno a los 10 millones de euros anuales de volumen de negocio o balance.
Ahora bien, estar dispensado por la Ley de Residuos no significa poder quemar cuando se quiera. Siguen aplicándose las normas autonómicas y forestales de prevención de incendios, que pueden exigir una comunicación, una declaración responsable, una autorización o directamente suspender cualquier uso del fuego debido al riesgo existente.
Para las explotaciones que no entran en esa dispensa, la quema solo puede autorizarse excepcionalmente por dos motivos:
- Razones fitosanitarias que no pueden resolverse mediante otro tratamiento.
- Prevención de incendios forestales.
En el caso fitosanitario, además, debe justificarse que no existen otras alternativas adecuadas para evitar la propagación de la plaga.
¿Los restos de poda son siempre un residuo?

La respuesta a esta pregunta es “no necesariamente”. La propia Ley 7/2022 deja fuera de su ámbito determinados materiales naturales agrícolas o silvícolas no peligrosos cuando se utilizan en la propia actividad agrícola, en silvicultura o para producir energía a partir de biomasa, siempre que el procedimiento no perjudique a las personas ni al medio ambiente.
Esto es importante porque una rama triturada y utilizada directamente como cubierta vegetal no está en la misma situación que un montón de poda abandonado que debe retirarse.
Lo mismo sucede cuando el material se destina de forma adecuada a producción energética. El encuadre legal dependerá de cómo se genere, qué tratamiento reciba y cuál sea su destino real.
Por eso, no conviene etiquetar automáticamente toda poda como “residuo” o “subproducto” sin estudiar primero el uso previsto.
¿Qué ocurre con las quemas agrícolas en Aragón?

En Aragón, además de la Ley estatal, hay que cumplir la normativa autonómica sobre uso del fuego. Las fechas y condiciones pueden variar cada campaña, de modo que no es recomendable guardar una autorización antigua o copiar el calendario del año anterior.
Como referencia, durante la campaña 2025/2026, el periodo ordinario comenzó el 16 de octubre de 2025 y terminó el 31 de marzo de 2026. Para determinados restos de poda de olivo, se permitió prolongar el periodo hasta el 31 de mayo.
Estas fechas ya pertenecen a una campaña finalizada, por lo que antes de una quema durante la campaña 2026/2027 deberá comprobarse el calendario que publique el Gobierno de Aragón.
El IRUF manda el día de la quema
Aunque la documentación esté correctamente presentada, hay otro elemento que debe comprobarse todas las veces: el Índice de Riesgo por Uso del Fuego (IRUF).
Este indicador se publica diariamente y tiene en cuenta las condiciones meteorológicas y el riesgo de incendio. Una comunicación o autorización no da derecho a realizar la quema si el nivel de riesgo de ese día obliga a suspenderla.
Básicamente, el agricultor debe comprobar el IRUF antes de empezar, no varios días antes.
Comunicación o autorización según el tipo de restos
En los supuestos permitidos, Aragón diferencia entre el tipo de combustible vegetal y su continuidad con la vegetación circundante.
Los montones de poda aislados y sin continuidad con otros restos pueden estar sujetos a comunicación previa fuera de la época de peligro. En cambio, si existe continuidad vegetal o la actividad presenta un riesgo mayor, puede requerirse autorización.
La tramitación puede realizarse mediante los procedimientos habilitados por el Gobierno de Aragón y con asistencia de las Oficinas Comarcales Agroambientales.
Eso sí, el detalle es sumamente importante: haber presentado un documento no convierte automáticamente cualquier hoguera en legal. También deben respetarse el periodo autorizado, el IRUF, las distancias, las condiciones meteorológicas y las medidas de vigilancia.
¿Qué ocurre actualmente en Cataluña?

En Cataluña también ha habido varios cambios desde la entrada en vigor de la Ley 7/2022, por lo que parte de la información publicada hace unos años ya no refleja exactamente el procedimiento actual.
A fecha de 2026, las quemas de restos agrícolas continúan prohibidas con carácter general, excepto para pequeñas y microexplotaciones agrarias y para los supuestos excepcionales previstos legalmente.
Para las actividades con riesgo de incendio forestal próximas a masa forestal, el procedimiento vigente diferencia periodos.
Entre el 16 de octubre y el 14 de marzo, considerado de menor riesgo, se utiliza una declaración responsable en los supuestos permitidos.
Entre el 15 de marzo y el 15 de octubre, periodo de mayor riesgo, es necesaria una autorización previa.
Además, la Generalitat publica diariamente el nivel de peligro de incendio. Incluso con el trámite realizado, la actividad puede quedar suspendida cuando el riesgo sea muy alto o extremo.
¿Y si la explotación no es pequeña?
En ese caso no se aplica la dispensa general, pues la quema solo podrá plantearse dentro de las excepciones previstas por la Ley 7/2022, fundamentalmente por motivos fitosanitarios o de prevención de incendios. Estas situaciones requieren autorización y una justificación específica.
Los restos de jardinería, por su parte, no deben confundirse con los restos agrícolas de una pequeña explotación. La Generalitat incluye su quema entre las actividades prohibidas.
Una quema incorrecta puede terminar en sanción
No existe una única multa automática por quemar poda sin cumplir las condiciones. La sanción dependerá del incumplimiento cometido, de la normativa aplicable, del riesgo generado y de si se han producido daños.
La Ley 7/2022 establece las infracciones leves relacionadas con residuos no peligrosos con multas de hasta 2000 euros. Si la conducta se considera grave, el rango va de 2001 a 100 mil euros, y las infracciones graves pueden superar ampliamente esa cantidad.
A esto pueden añadirse las responsabilidades previstas por la normativa forestal y de prevención de incendios. Si el fuego se descontrola y provoca daños, el problema deja de ser simplemente haber quemado restos sin realizar correctamente un trámite.
Es por ello que, ante la menor duda, es mucho más seguro comprobar la situación específica o buscar otra forma de aprovechamiento.
Alternativas a quemar los restos de poda

No utilizar fuego no significa necesariamente asumir un residuo sin ningún valor. Las ramas y restos vegetales pueden convertirse en un recurso útil si se gestionan correctamente.
Trituración y acolchado del terreno
Una de las opciones más sencillas es triturar la poda y repartir el material sobre el suelo.
Esta cubierta vegetal, conocida habitualmente como “mulching”, ayuda a reducir la evaporación del agua, limita el crecimiento de malas hierbas y aporta progresivamente materia orgánica al terreno.
No sirve igual para todas las situaciones. Si los restos están afectados por determinadas plagas o enfermedades, triturarlos y dejarlos en la parcela podría no ser recomendable.
Compostaje
Los restos vegetales también pueden mezclarse con otros materiales orgánicos para producir compost.
Cuando existe espacio y medios suficientes, algunas explotaciones pueden hacerlo dentro de la propia finca. En otros casos resulta mucho más práctico transportar el material hasta una instalación preparada para su tratamiento.
El resultado vuelve al suelo como materia orgánica en lugar de desaparecer en forma de humo.
Convertir la poda en biomasa
Otra salida interesante, especialmente cuando existe bastante volumen, es triturar o astillar los restos leñosos para aprovecharlos energéticamente.
La poda de olivo, almendro, frutales o viñedo puede transformarse en astillas que, cuando cumplen las condiciones necesarias, pueden utilizarse como combustible en instalaciones de biomasa.
Este modelo permite convertir un material que tradicionalmente se quemaba sin aprovechamiento energético en un recurso.
Eso sí, no basta con triturar cualquier rama y llevarla directamente a una caldera. La humedad, el tamaño de la astilla, la presencia de tierra y la calidad del material condicionan su aprovechamiento.
¿Qué opción conviene elegir en cada paso?
La mejor solución dependerá de la cantidad de poda, del tipo de cultivo, de la maquinaria disponible y de la distancia hasta la instalación de tratamiento.
Una pequeña explotación puede triturar los restos directamente en la parcela si tiene medios y no existe un problema fitosanitario. Una empresa de jardinería que acumula podas de varios clientes, en cambio, puede necesitar organizar recogidas periódicas.
Para ayuntamientos, comunidades o empresas que generan volúmenes elevados, centralizar la recogida y enviar el material a valorización permite mantener las zonas limpias sin recurrir al fuego.
También evita tener grandes montones secos esperando durante semanas a que llegue un periodo autorizado de quema.
Gruyser y Ecoadeso ofrecen una alternativa a la quema
Cuando los restos no pueden aprovecharse directamente en la finca, una solución es organizar su recogida y traslado hasta una instalación donde puedan recibir un destino adecuado.
En Gruyser ofrecemos recogida y transporte de residuos en Fraga y Lleida mediante vehículos adaptados a diferentes volúmenes y tipos de material.
A través de Ecoadeso también podemos estudiar la gestión y valorización de residuos para determinar la salida más adecuada en función de sus características.
Para agricultores, empresas de jardinería y ayuntamientos, gestionar la poda de esta forma evita depender del calendario de quemas y reduce el riesgo de cometer una infracción. Y, cuando el material puede aprovecharse mediante trituración, compostaje o biomasa, lo que antes terminaba convertido en humo pasa a tener una segunda utilidad.
